Como una novela [CAST]

Título: Como una novela

 

Autor: Daniel Pennac

 

Editorial: Anagrama

 

Traductor: Joaquin Jordà

 

Sinopsis: Esta obra insólita, un auténtico estímulo para la lectura, ha sido uno de los grandes fenómenos de la edición francesa reciente. Pennac, profesor de literatura en un instituo, se propone una tarea tan simple como necesaria en nuestros días: que el adolescente pierda el miedo a la lectura, sea por placer, que se embarque en un libro como en una aventura personal y libremente elegida.

 

Todo ello escrito como un monólogo desenfadado, de una alegría y entusiasmo contagiosos: "En realidad, no es un libro de reflexión sobre la lectura -dice el autor-, sino una tentativa de reconciliación con el libro". 

 

reseña

Desde que descubrí los 10 derechos del lector de Daniel Pennac tenía ganas de leer el ensayo donde los publicó, llamado "Como una novela". Y el destino me lo sirvió en bandeja de plata de una manera descarada.

 

Un día me detuve a mirar la parada del Libro Solidario de la estación de Plaza Cataluña y el libro me golpeó entre los ojos. Allí estaba, en primera fila. Obviamente fue amor a primera vista, y lo empecé a leer y garabatear al mismo vagón de metro. De hecho creo que nunca había marcado tanto un libro (con lápiz, eso sí).

 

 

 

Tal y como lo llamó la profesora y bookstagrammer Laura Jacas (Ldelectures) es Un libro de cabecera. Yo iría más lejos, debería ser la biblia de los lectores. Realmente debía parecer una figurita Hawaiana mientras leía, porque no podía parar de asentir y maravillarme de que alguien entendiera tan bien lo que significa amar los libros y conseguir que los demás también lo hagan. 

 

"Como una novela" es un ensayo hilarante, realmente poético e increíblemente actual. Quizás las modas y las marcas de ropa han cambiado, y los jóvenes ya no miran la tele sino que ven Netflix, pero las palabras de Pennac siguen dando en el clavo.

 

 

Daniel Pennac
Daniel Pennac

Capítulo a capítulo, es capaz de desmontar todos los mitos sobre los lectores y la lectura, cuestionar el sistema educativo, y mostrar a padres, profesores, bibliotecarios y pedagogos el camino a seguir a través de diálogos, reflexiones y citas de filósofos y grandes autores de la literatura.

 

p.146 «La idea de que la lectura “humaniza al hombre” es justa en su conjunto […] però evitemos acompañar este teorema con el corolario según el cual cualquier individuo que no lee debiera ser considerado a priori un bruto potencial o un cretino contumaz. Porque, si no, convertiremos la lectura en una obligación moral, y esto es el comienzo de una escalada que no tardará en llevarnos a juzgar, por ejemplo, la “moralidad” de los propios libros en función de criterios que no sentirán ningún respeto por otra libertad inalienable: la libertad de crear.» 

 

Y ¿no es algo parecido lo que está empezando a pasar con los respectivo tabúes de la literatura infantil y juvenil? Pennac afirma que:

 

«A partir de entonces, el bruto seremos nosotros, por muy “lector” que seamos. Y bien sabe Dios que brutos de este tipo no faltan en el mundo. En otras palabras, la libertad de escribir no puede ir acompañada del deber de leer.

 

En el fondo, el deber de educar consiste, al enseñar a los niños a leer, al iniciarlos en la Literatura, en darles los medios de juzgar libremente si sienten o no la “necesidad de los libros”. Porque si bien se puede admitir perfectamente que un individuo rechace la lectura, es intolerable que sea –o se crea- rechazado por ella.»

 

Es imposible resumir el mensaje de Pennac en unas pocas líneas, pero nos dice que los jóvenes a menudo no leen porque desde el momento en que aprenden a hacerlo solos, se les deja de narrar cuentos y libros. Ya no comparten momentos íntimos y placenteros asociados a la lectura y esta se convierte en sinónimo de deberes, lecturas obligatorias, tests de comprensión y cero diversión.

 

 

Con el tiempo ponemos el grito en el cielo y culpamos a las nuevas tecnologías de las distracciones de los jóvenes. Es cierto que hay muchas obligaciones, deberes y extraescolares (tantas que apenas tenemos tiempo de aburrirnos y soñar). ¡Por no mencionar los hobbies y otras fuentes de entretenimiento que captan nuestra atención! Pero el motivo por el que la lectura queda relegada a la última posición es porque no se aprende a amarla. Y esto no sólo se aplica a los jóvenes estudiantes. Según Pennac:

 

p. 120 «Desde el momento en que se plantea el problema del tiempo de leer, es que no se tienen ganas. Pues, visto con detenimiento, nadie tiene jamás tiempo para leer. Ni los pequeños ni los mayores. La vida es un obstáculo permanente para la lectura. 

 

-¿Leer? Ya me gustaría, pero el curro, los niños, la casa, no tengo tiempo…

 

-¡Cómo le envidio que tenga tiempo para leer!

 

¿Y por qué ella, que trabaja, hace la compra, educa los niños, conduce su coche, ama a tres hombres, visita al dentista, se muda la semana próxima, encuentra tiempo para leer, y ese casto rentista soltero no? El tiempo para leer siempre es tiempo robado. (Al igual que el tiempo para escribir, por otra parte, o el tiempo para amar.) […] ▼▼▼

 

 

Si tuviéramos que considerar el amor desde el punto de vista de nuestra distribución del tiempo, ¿qué arriesgaríamos? ¿Quién tiene tiempo de estar enamorado? ¿Se ha visto alguna vez, sin embargo, que un enamorado no encontrara tiempo para amar?

 

Yo jamás he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme que acabara una novela que amaba. La lectura no depende de la organización del tiempo social, es, como el amor, una manera de ser. El problema no está en saber si tengo tiempo de leer o no (tiempo que nadie, además, me dará), sino en si me regalo o no la dicha de ser lector.»

 

Brutal. K.O. Fire line. No tengo nada más que añadir, señoría. Bueno sí, una última petición... aunque Pennac diga que el verbo leer no soporta el imperativo... leed su ensayo. Leedlo y corred la voz porque tal como dice en Pennac: «el culto al libro depende de la tradición oral. Y tú eres su gran sacerdote.»

 

Mx


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