Precuela de "El príncipe de Aurora"

repte abril 2015

Aquesta vegada toca fer una ullada als relats dels teus companys. El repte consisteix en trobar un personatge d’un altre autor de BLANK i convertir-lo en el protagonista de la teva historia d’aquest mes. Pots emprar un personatge de qualsevol dels reptes que t’hem plantejat durant tot el curs!

 

Precuela de "El príncipe de Aurora"

Érase una vez y mentira no es, cuando el padre de Aurora aún no era rey, fue visto por los alrededores de Constantinopla un dragón. A la gente de por allí ciertamente le gustaba considerarse experta en leyendas sobre dragones y disfrutaban luciendo a la menor ocasión todos sus avanzados mecanismos de defensa –que a veces sólo consistían en un mero palo y una trampa para ratas-.

La opinión popular sobre los dragones era variada: había a quienes les constaban ávidos de sangre y destrucción y no dudaban en hacer campaña contra ellos, mientras que otros no acababan de ver por qué suponían una amenaza para el reino pues declaraban haber oído canciones que los definían simplemente adictos a sustancias alucinógenas.

Pero si había algo en lo que todo el mundo estaba de acuerdo era que los dragones más radicales eran un peligro público, una lección que hacía unos siglos atrás habían aprendido por las malas, igual que el resto de reinos vecinos.

Así que cuando se corrió misteriosamente la voz de que sus peores pesadillas estaban volviendo, la mecha de odio contra los dragones se prendió al instante.

Daba igual que las salamandras o las lagartijas no tuvieran nada qué ver con aquello; en cuanto la gente las veía no dudaban en apresarlas y acabar con ellas temerosos de que estuvieran relacionadas con la terrible bestia.

Pero un joven mozo de palacio, que no podía soportar más vivir rodeado de caos y pánico, decidió poner fin a la situación y se dirigió con paso veloz hacia donde se hallaba la guarida del dragón.

-¿Hola? ¿Hay alguien? –preguntó a la oscuridad de la cueva.

Al cabo de un rato un eco le respondió:

-Si vienes a acabar conmigo aquí no vas a encontrar a nadie.

-¡Oh, no te vayas! No vengo a hacerte daño… Al contrario. Vengo a ayudarte.

-¿Ayudarme? ¿A caso quieres que te reclute para la orden de dragones radicales? Lo siento, pero yo no soy de esos ni tengo la menor intención de serlo.

-Lo sé. Por eso he venido a hablar contigo.

-¿Hablar? Nadie antes me había pedido tal cosa. Como tu pueblo ya habla supuestamente por mí… – la sorpresa se reflejaba en la voz de la criatura.- Supongo que no estará mal probarlo alguna vez.

Y dicho esto, el dragón emergió de las sombras.

Al joven le hubiera gustado no sentirse intimidado, pero no pudo reprimir un escalofrío en ver su piel oscura y brillante.

-Te doy miedo.-apuntó el dragón.

-No, no, es solo que… Eres tan distinto a todas las demás criaturas…

-La gente siempre teme las cosas distintas y las odia por no ser iguales.

-Pero no lo entiendo. Los dragones habéis existido siempre y hace ya mucho tiempo que tu raza y la mía nos conocemos. No negaré que hubo un tiempo en que los dragones más radicales nos hicieron mucho daño, pero eso no significa que todos vosotros seáis malvados.

-Mi comunidad también vivió esa etapa con mucho dolor.- asintió la criatura.- En nuestra tierra hay tantas guerras como ideologías extremas por las que algunos de nosotros están dispuestos a morir, pero la gran mayoría de los que vinimos aquí fue en busca de una vida mejor y en paz. Desafortunadamente, cada vez que nuestros hermanos os atacan a vosotros, nosotros temblamos. ¿A quién le va a importar nuestra versión cuando la gente busque venganza?

El joven mozo se quedó pensativo.

-¿Por qué tu gente iba a querer desenterrar el pasado dándome caza y a todos los que son de mi especie? Yo no soy el dragón malvado que busca atentar contra vuestro reino.

Después de unos minutos reflexionando, el joven miró al dragón a los ojos.

-¿Sabes cuantas comidas toma el rey y su corte al día? –el dragón negó con la cabeza.- Más de seis. ¿Y sabes cuantas nos podemos permitir tomar la mayoría de nosotros? A penas una. ¿Te has planteado cuánto cuestan los trajes dorados de nuestros sumos sacerdotes? Sólo con un par de ellos podríamos abastecer con leña para el invierno a medio reino. ¿Y todo el dinero que se ha destinado a construir cosas inútiles, como la estatua del rey, pero que podrían haber pagado la restauración del viejo hospital y la escuela? ¿Sabes que nos estrangulan a impuestos que luego misteriosamente desaparecen? –el joven hizo un pausa para recobrar el aliento.- Pero no pasa nada, porque en cuanto la gente empieza a coger sus horcas y afilar los cuchillos se declara una epidemia de peste y todo el mudo huye a encerrarse en casa. Sólo basta con anunciar un nuevo torneo de pelota real para que la gente se olvide de todo… O con correr la voz de que un malvado dragón vuelve al reino. –el joven suspiró y se sentó al lado de la enorme criatura.

-¿Y no hay ninguna manera de que eso no ocurra?- preguntó el dragón.

-Para impedir que sucediera deberías cambiar la naturaleza de la gente.

La criatura se lo quedó mirando.

-Espera… ¿No pensarás intentar eso, verdad?-rio el joven.- Antes se armarían del valor que les falta para acabar contigo que pensar de forma distinta voluntariamente. No, sólo a nosotros nos incumbe librar esta batalla pendiente. Pero tal vez… -añadió al cabo de unos instantes- Tal vez haya una manera de hacerles cambiar de opinión sin que se den cuenta…

-¿Eso quiere decir que tienes una idea?- quiso saber el dragón el ver el brillo en los ojos del joven.

-No. Quiere decir que tengo un plan.

Bestia y criado siguieron hablando durante unos minutos y a continuación se fueron para no volver como tal.

Sin embargo, al cabo de unos días, como si de un milagro se tratara, llegaron noticias al reino de que un misterioso caballero a lomos de un valeroso dragón había atrapado infraganti a los escurridizos ladrones que llevaban años hurtando las arcas de recaudación de impuestos del pueblo –aunque, y esto claramente no llegó a oídos de la gente, los ladrones resultaron ser unos secuaces contratados por el rey- y fueron llevados ante la justicia.

El caballero y su montura fueron aclamados por todos los súbditos y fueron escoltados entre vítores ante el mismísimo rey que ante la astucia del joven y la presión del pueblo no tuvo más remedio que felicitar a los nuevos héroes con una forzada sonrisa y concederle al caballero la mano en matrimonio de su hija como símbolo de gratitud por sus actos.

Bajo el mandato del joven rey, del que nadie conocía su pasado antes de su llegada triunfal, el pueblo prosperó y los dragones dejaron de ser tan fieramente perseguidos -al menos en esa parte del mundo-.

Y desde aquel entonces los súbditos del reino no volvieron a vivir un milagro con tanta euforia hasta que nació la hermosa hija del nuevo rey, a la que pusieron el nombre de Aurora.

Aunque eso como ya sabéis es otra historia…

Basado en un personaje de El príncipe de Aurora, de Laura Freixas


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